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miércoles, septiembre 04, 2013

Matrimonio al estilo chino

Todavía recuerdo cuando una compañera de trabajo me dijo: “Pronto voy a casarme”. La felicité con un abrazo y una sonrisa. “¿Por qué te emocionas así?”, me cuestionó. “Porque me imagino que debes estar contenta y comparto esa felicidad contigo”. No me respondió, pero por la cara que puso concluí que su boda no le entusiasmaba en lo más mínimo. Llevaba pocos meses viviendo en China, me faltaban muchas cosas por entender.

Con el tiempo y gracias a mis amigos chinos, comencé a entender la forma en la que conciben el matrimonio.

A diferencia de las mujeres latinoamericanas que comúnmente asocian el matrimonio con el amor, las chinas son más pragmáticas y lo ven como un requisito que hay que cumplir para estar en paz con la sociedad y los padres, quienes les presionan para casarse una vez que han concluido la universidad y encontrado un trabajo estable.

Un día, paseando por el Templo del Cielo, uno de los lugares turísticos más emblemáticos de Beijing, robaron mi atención unas hojas de papel colocadas encima de varias jardineras y gente mirándolas con atención y conversando alrededor. Me acerqué curiosa. El contenido de las hojas estaba en caracteres chinos, lo único que reconocía eran números.

Mi amiga Ma Jiao me explicó que en esas hojas los padres escriben información sobre sus hijos para intercambiarla con otros padres, encontrar juntos al mejor candidato para sus “pequeños” y arreglarles una cita a ciegas. Complexión física, edad, trabajo y salario eran algunos de los datos que compartían.

No podía entender cómo los padres chinos tenían que hacer por sus hijos algo que ellos deberían estar disfrutando hacer por sí mismos. Pero con el tiempo entendí que los progenitores chinos intervienen demasiado en la vida de los críos, al grado de elegirles a la persona con la que pasarán el resto de sus días.

Dónde quedan entonces el cortejo y el enamoramiento. De las mejores cosas que me han pasado en la vida es enamorarme, sentir eso que muchos llaman “mariposas en el estómago”, ese andar caminando en las nubes, con la cabeza perdida. ¿A quién no le gusta sentirse deseado, correspondido, amado, elegido entre muchos?

Pero dejemos de lado mi cursilería. ¿Dónde queda el derecho de los hijos a decidir su propio camino, a elegir a su pareja, a equivocarse, a cometer errores y aprender de ellos?

En China, por lo que he visto en cuatro años, este derecho no es tan importante como sí lo es el agradecimiento, la obediencia y el respecto, que raya casi en la devoción, que los hijos profesan a sus padres. 

Por supuesto, este pensamiento chino no es producto de la casualidad, les ha sido heredado desde hace mucho años a través del confucianismo, filosofía que tenía como uno de sus principales pilares la piedad filial, que consiste en honrar y venerar a los padres y brindarles una vida cómoda.

Es así como los hijos terminan prácticamente depositando su ser en las manos de quienes les dieron la vida. 

Que otros decidan por ti es bastante cómodo, pero tiene sus riesgos. Uno de ellos es que los padres chinos les exigen a sus hijos actuar como adultos sin dejar de tratarlos como niños, doble mensaje que termina por confundirlos, hacerlos temerosos e incapaces de tomar decisiones.

Por ejemplo, a los pequeños se les presiona como adultos para cumplir con las tareas escolares y actividades extracurriculares, robándoles horas de juego y esparcimiento. Hay pequeños que tienen horarios más duros que un oficinista.

A medida que se van formando profesionalmente, los chinos crecen demasiado apegados al hogar, sobreprotegidos, son niños jugando a ser adultos, tímidos, inseguros, inocentes y hasta infantiles.

Recuerdo que el Día Internacional de la Mujer felicité a mis amigas chinas. Nuevamente me cuestionaron la felicitación y les dije: “Hoy es nuestro día”. Inmediatamente me respondieron: “No, nosotras no somos mujeres, somos niñitas”. Y sí, la mayoría de las veces así se comportan.

Lo triste es que a estas “niñitas” de un día a otro se les exige convertirse en mujeres y madres. Una vez que terminan la universidad tienen que competir con millones de egresados para hacerse de un trabajo estable. Y una vez que lo han conseguido, viene la presión de los padres para que encuentren pareja con miras al matrimonio, incluso algunas terminan rentando novio en agencias que se anuncian por Internet, para llevarlo ante los padres y calmar esa ansiedad por verlas casadas. Lo mismo hacen los chicos.

En China, una mujer debería estar casada y con hijo antes de los 30 años, de lo contrario la sociedad comienza a considerarlas “sobrantes” (剩女en chino mandarín), y es difícil que puedan contraer matrimonio.

Cuando llegué a China, muchas de mis amigas eran recién egresadas de la universidad, rondaban los veintiún años, por lo que, en casi cuatro años, he visto como una a una comienzan a casarse y embarazarse, aunque no es precisamente lo que deseaban para su vida.


Algunas de ellas me han confesado: “Mis padres me piden que busque un novio para casarme, pero yo no quiero, todavía estoy muy joven”. Y de estos casamientos bajo presión social tengo más de una historia para compartir, pero eso será en otra entrada.

martes, mayo 22, 2012

La piel blanca deslumbra a China


Buscar una base de maquillaje para pieles morenas en China es como buscar una aguja en un pajar.

A pocos meses de mi llegada a China busqué una en las tiendas de cosméticos y centros comerciales, pero las vendedoras siempre me ofrecían una base tan blanca como el talco, haciendo caso omiso del color de mi piel o tal vez invitándome a ocultar lo que consideran poco atractivo en una cultura que le rinde culto a la piel blanca.

Independientemente de la estación del año, las chinas protegen a toda costa su piel de los rayos de sol, así sea del más indefenso que se asoma al amanecero de aquel que se extingue con el ocaso.

Sobre todo en verano, las chinas se defienden del sol con sombrillas, sombreros, cremas blanqueadoras, bloqueadores, lentes de sol, mangas largas y caretas como las que usan los soldadores o herreros.

Foto: Gabriela Becerra
Protegerse contra el cáncer de piel nada importa comparado con la aceptación social que a cambio reciben.

Históricamente, la piel blanca ha sido un atributo de belleza en las culturas asiáticas.

En este continente, la tez blanca no sólo se asocia a la juventud y pureza, dos factores que los hombres de estas tierras toman en cuenta a la hora de elegir pareja, sino también al estatus, pues las pieles morenas se relacionan con las clases trabajadoras o campesinas que pasan largas horas bajo los fuertes rayos del sol.

Y en la China de hoy, en donde en los últimos 30 años se han construido ciudades indiscriminadamente pensando que esto es sinónimo de modernidad y progreso, los campesinos no son bien aceptados ni recibidos.

Si a esto le sumamos que en la historia de la humanidad han sido los blancos quienes han conquistado, gobernado e impuesto su estereotipo de belleza, no es de extrañarse que en varias culturas el resplandor de la piel blanca impida apreciar la belleza de la morena.

En una ocasión, llegaron al lugar donde trabajo dos lindas chicas para realizar sus prácticas profesionales, una de piel tan blanca que rayaba en la palidez, y la otra de piel bronceada.

Mis colegas extranjeros, familiarizados con la piel tostada por el sol, quedaron embelesados con la morena, pues su belleza les parecía hasta cierto punto exótica por esa combinación de piel bronceada y rasgos orientales, poco común en estas tierras.

Por el contrario, a mis compañeros chinos se les hacía extraño que estuviéramos sorprendidos con la belleza de esta practicante y argumentaban que era más linda la de piel blanca.

Ojalá todo quedara en una cuestión de gustos y debates entre quiénes son más guapas, si las rubias, blancas, morenas o pelirrojas, pero lamentablemente la sociedad castiga fuerte y este tipo de prejuicios culturales afectan la vida cotidiana y la visión que cada uno tiene de sí mismo, afectando incluso el autoestima.

Aquella morena no se consideraba atractiva a los ojos de los chinos; incluso, decía que sería difícil encontrar una pareja porque todos buscaban una novia con tez de porcelana. Fue hasta que se miró en los ojos de una cultura ajena a la suya que se hizo consciente del poder de su hermosura.